Opinión

Una economía para la gente

Al economista ingles Arthur Cecil Pigou se le considera ser pionero del diseño teórico de lo que se denomina economía del bienestar, la cual concentra su objetivo de estudio en poner en primer plano la forma de organizar la economía de modo que resulte socialmente deseable e incluyente.

Traducido a la realidad, se trata de que la economía del bienestar, o Estado del bienestar, tiene como pretensión fundamental la organización socialmente deseable de la economía.

Bajo el enfoque planteado, la literatura económica enseña que las gentes pueden prosperar si la economía funciona para todos y que, si las economías tienden a crecer, la potencialidad de reducir la pobreza y la desigualdad se incrementa en la misma proporción. Para lograr tal objetivo, es esencial promover las oportunidades y como estrategia ha de fijarse el apoyo, consolidación y sostenibilidad a las microempresas.

La vida económica es una colmena enormemente complicada de actividades, en el que la gente se convierte en el epicentro de la oferta y la demanda, al tiempo que se convierte en el vector que impulsa los negocios y la dinámica económica. Es por tales razones que el economista Pigou propugnaba que el Estado tenía la responsabilidad de poder hacer mucho para mejorar las condiciones de vida de la gente.

En la concepción de Pigou, la mejor manera de incrementar la prosperidad de las personas es proporcionándoles una seguridad social de calidad e incluyente, mejorar la educación, la vivienda y la sanidad. Fue rabiosamente concluyente al sostener que una economía no se puede sostener sobre la base de colocar grandes cargas tributarias a los mas desfavorecidos de la generación de la riqueza nacional, lo cual consideraba como un absurdo, en cambio, favorecía descansar las recaudaciones en las grandes fortunas.

En el marco de la economía de la gente cuenta el crecimiento economico por la simple razón de que este conlleva el incremento de la renta nacional o el PIB de cada país y compararlo para saber cómo ha crecido cada año. A partir de dicha comparación se puede apreciar la manera en que cambia el ritmo de crecimiento y buscar una explicación e interpretación de las razones del crecimiento económico y su diversidad que se fundamenta el mismo, por tanto, la sostenibilidad, la seguridad física, jurídica, la paz y la libertad

Si se asume que en las ultimas dos décadas, los niveles de pobreza y desigualdad registraban una disminución apreciada y que la economía global crecía, en promedio, 3,8%, entonces, se puede afirmar que el Covid 19 ha derrumbado a la economía mundial de una manera brutal alrededor del 6,0%. La hecatombe registrada en la economía global ha tenido como efecto inmediato la presencia permanente de la inseguridad económica, perdida estremecedora de empleo y de ingresos, lo cual tiene un efecto dominó e incertidumbre en la vida de las personas.

El trastorno en la educación, la salud y la inseguridad económica obligan a los gobiernos a poner en marcha una economía pensando en la gente. La profundización del malestar ocasionado por la pandemia global y sus consecuencias no desaparecerán cuando la pandemia termine, y esa es una razón poderosa para pensar en una economía pensando en la gente.

Desafortunadamente, muchos gobernantes no acaban de entender el peligro y magnitud que representa la presente crisis, razón por lo que siguen actuando como si se tratara de algo tan simple como su imaginario lo percibe. Es inocultable que todos los gobiernos del mundo han sido sacudidos por la pandemia y es muy cierto que se han tomado medidas para mitigar la ralentización económica que se ha derivado de la crisis sanitaria, pero el trastorno que deja la misma permite establecer que la recuperación económica no está tan cerca como se cree, por tanto, es hora de construir una economía pensando en la gente, no en dividendos político electoral.

Fuente: https://eldia.com.do/una-economia-para-la-gente/

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