Opinión

Sobre la evolución económica

El COVID-19 lo ha cambiado todo. Nunca como ahora ha sido la salud pública más importante. Las amplias asignaciones que recibe deberán continuar una vez superada la emergencia, y así fortalecer nuestra resiliencia frente a futuros choques.

En la aviación, la cultura, el comercio, la restauración y el turismo nuevos modelos de negocios permiten sobrevivir atendiendo menos clientes dispuestos a pagar más por sus servicios o haciendo entregas a distancia.

Personas y familias se adaptaron a las restricciones de circulación estudiando y trabajando desde casa.

Así, para gobiernos, empresas e individuos el cambio es la norma y la adaptación es la respuesta, como en la biología de los seres vivos que evolucionan para no sucumbir.

Esto, sin embargo, no es lo que dictan los modelos económicos todavía dominantes. Por ello, el 1.7.2021 el semanario británico “The Economist” argumentó con lucidez por qué la economía debía parecerse a la biología.

La crisis del 2008 demostró cuán irrelevante era el dogma –¡merecedor del Nobel en 1995!– de las “expectativas racionales”, reductor de la realidad a modelos en los cuales no hay crisis posible.

Desde los 1940s, el austríaco Peter Drucker desechó otro dogma, el de la racionalidad perfecta del “consumidor representativo” y de la “empresa representativa” todavía enseñado en microeconomía.

El autor del “Concepto de la Corporación” y “La Sociedad Post-Capitalista”, revolucionó la administración en condiciones cambiantes, atendiendo temas cada vez más relevantes como la innovación, la sostenibilidad y la responsabilidad social corporativa.

Su precursor Joseph Schumpeter, también austríaco, postulaba que la evolución económica resulta de la “destrucción creativa” de las empresas que se resisten al cambio provocado por las más innovadoras.

La economía tiene fuertes raíces evolucionarias. Recuperarlas permitirá concebir la realidad en toda su complejidad sin excluir la posibilidad del desequilibrio y la inestabilidad. Lo contrario es negar la existencia de desigualdad, ciclos económicos o fluctuaciones bursátiles.

En 1983 iniciaba mis estudios universitarios celebrando el centenario simultáneo de Schumpeter y el del fundador de la macroeconomía, el inglés John Maynard Keynes.

Sus visiones, que parecían contradictorias, terminaron por ser complementarias, como lo demostrara otro inglés, Richard Goodwin. El cambio económico que Schumpeter encuentra en la empresa, Keynes lo analiza a nivel nacional por el comportamiento de variables agregadas que hasta entonces no se calculaban en país alguno: el producto interno bruto, el consumo, la inversión y el comercio internacional.

Mientras Schumpeter rechazaba el gasto público por retrasar la adaptación, Keynes lo justificaba para facilitarla minimizando sus efectos negativos, como han hecho en mayor o menor medida todos los gobiernos en respuesta a la crisis que vivimos.

Este 8.7.2021 cumplió 100 años el francés Edgar Morín, otro gigante del estudio de la sociedad como sistema complejo, quien sigue tan activo y relevante como siempre.

Que “The Economist” –bastión neoliberal por excelencia– abogue por un enfoque evolucionario para la economía es el regalo mejor para el autor de “El Método”.

Redescubrirlo debiera acelerar el cambio doctrinal que se requiere para entender mejor la realidad y así saber cómo cambiarla.

Fuente: https://eldia.com.do/sobre-la-evolucion-economica/

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