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El poder limitado es la base de la institucionalidad de las sociedades modernas

La gran lección histórica que los dominicanos debemos asimilar, en particular los políticos, es que el poder tiene límites, que lo importante es fortalecer y renovar las instituciones de la República.

Así como que el soberano real es el pueblo cuando está determinado a ser libre.
Cuando decidimos renunciar al Gobierno hace cinco años entendimos que debíamos luchar por preservar la Constitución, la democracia y las libertades, derrotar un proyecto peligroso, que fue incubado a partir de los vicios de un sistema político y de negocios podridos, que destruye la República.

Mucha gente concentra la responsabilidad del fallido y trastornador proyecto de reelección para el tercer período en la ambición del presidente Danilo Medina: la verdad es que muchos actores sociales e institucionales fallaron por acción u omisión, desde la reforma del 2015 y el aplastamiento electoral del 2016.

Fueron muchos los que alentaron a Medina a mantenerse en el gobierno, a “perpetuarse” como dijo su hermana, y no sólo sus partidarios de la facción que le sigue: grandes empresarios, no pocas figuras de sociedad civil y los medios de comunicación.

Cada cual, con su interés particular, algunos con malicia, para dividir. Sin importar riesgos institucionales.

Danilo tenía todas las posibilidades de ganar holgadamente en el 2016, pero el plan no era ganar sino aplastar, avasallar, pues era una jugada “de bateo y corrido” para continuar en el 2020.

Venció, pero no convenció, por eso la oposición no reconoció “su triunfo”.
Latente estaba el otro plan autoritario. Para recordar: cuando en 2010 un grupo de “ingenieros constitucionalistas” tenían preparado todo para lanzar Leonel Fernández a la locura de buscar el tercer período, Vincho Castillo y la FNP advirtieron que sin dos referéndum previos no era posible ni legítimo, y mucho menos, por fallo de la SCJ.

Para recordar también: en reforma constitucional del 2010 la FNP se opuso a la propuesta de variar el modelo de reelección, de una reelección y nunca más por reelección alternativa, votamos en contra y advertimos de los peligros de ese cambio, incluso, para sus auspiciadores.

La mayor amenaza a la democracia es la concentración de las riquezas y el poder, la vigencia de estructuras económicas rentistas extractivas, que antes que crear riquezas las concentran, y necesitan de la sombra protectora de los reguladores oficiales.
Esa es la matriz de todos los intentos de concentrar más el poder político, hasta la dictadura.

Si el PLD se convirtió en partido hegemónico durante este ciclo histórico mucho se debe a la división del partido de gobierno de entonces, el PRD, en ocasión del proyecto de reelección de Hipólito Mejía, estimulada por los intensos pulsos de poder de grandes grupos nacionales y extranjeros en proceso de mayor concentración.

La concentración de la riqueza es tan alta, que impacta profundamente la relación entre los grandes grupos económicos y las cúpulas de la partidocracia: los primeros quieren políticos dóciles y desechables, los segundos los complacen, pero también crean o privilegian a sus ricos.

Mientras el pueblo y las clases medias son reventados por las exacciones de los procesos de concentración de la riqueza.

¿Por qué somos muy vulnerables y dependientes como nación? Sencillamente, las clases dirigentes no terminan de asumir un verdadero proyecto nacional fuerte e integrador para todos los dominicanos.

Prefieren seguir concentrando, en vez de desarrollar todo nuestro potencial de generación de riquezas, que es enorme.

El PLD fue concebido por Juan Bosch para un proyecto de liberación nacional. Después evolucionó hacia un proyecto modernizador.

Al ser capturado por el sistema maleado que debieron superar están terminando como Partido de la Liquidación Dominicana (PLD).

De todos modos, el problema está en la índole rentista y clientelar del sistema político: cambiar esa realidad es una ardua tarea pendiente, que implica más democracia, así como ampliar y renovar las bases del capitalismo.

La mayoría de los problemas y cuestionamientos que enfrenta el equipo gubernamental saliente tienen su origen en un pecado original: llegaron con plan de quedarse sin límites, explotando los graves vicios de un sistema político económico en descomposición.

Pero la intuición profunda del pueblo y la coyuntura internacional permitió que esta vez se demostrara, con el esfuerzo coincidente de muchos, que el poder tiene límite.

Hacia finales de la década de los 70 y principios de los 80, se hizo muy popular en RD la lectura de las obras del mexicano Luis Spota, la Costumbre del Poder. La más popular fue “El Primer Día”.

En ella describe proceso en que los todopoderosos presidentes mexicanos abandonan el gobierno para no volver. Hoy, existe algo no debemos olvidar: es la primera vez en la historia republicana que un presidente termina un gobierno con una prohibición constitucional reforzada de nunca volver jamás.

Por: Pelegrin Castillo

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