Opinión

Dmitri Peskov y la guerra energética: más allá de la moratoria


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Por:  Giovanni Matos                                                                                                                                                  Director del El Sentido Común

Las recientes declaraciones del portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, asegurando que Ucrania “no cumplió ni cumple” la moratoria sobre ataques contra instalaciones energéticas, vuelven a colocar en el centro del debate un elemento clave del conflicto: la guerra contra la infraestructura crítica.

No se trata únicamente de un cruce de acusaciones diplomáticas. La infraestructura energética se ha convertido en uno de los ejes estratégicos de la guerra moderna en Europa del Este. Centrales térmicas, hidroeléctricas, subestaciones y redes de transmisión no solo sostienen la vida civil, sino también la capacidad industrial y militar de un país en guerra.

¿Qué significa realmente una moratoria?

Una moratoria en el contexto bélico implica un compromiso formal o tácito de abstenerse de atacar determinados objetivos. En este caso, las instalaciones energéticas. Sin embargo, la naturaleza del conflicto entre Rusia y Ucrania ha estado marcada por una profunda desconfianza mutua y por la dificultad de establecer mecanismos verificables e independientes.

La pregunta central no es solo si se incumple la moratoria, sino si alguna de las partes ha tenido incentivos reales para respetarla. En un conflicto donde el desgaste económico y social forma parte de la estrategia, la energía es un blanco demasiado valioso como para quedar fuera de la ecuación militar.

La energía como arma estratégica:

Desde 2022, la infraestructura eléctrica ucraniana ha sido objeto de ataques sistemáticos, especialmente en los meses de invierno. Moscú sostiene que sus operaciones buscan debilitar la capacidad militar de Kiev; Ucrania, por su parte, denuncia una estrategia deliberada para castigar a la población civil.

Si ahora Rusia acusa a Ucrania de realizar ataques diarios contra instalaciones energéticas, el trasfondo estratégico no cambia: ambas partes comprenden que afectar el sistema energético del adversario implica generar:
Apagones masivos
Interrupciones en hospitales y servicios básicos
Presión social interna
Costos de reconstrucción elevados
Desgaste político
La infraestructura energética, en este sentido, no es un daño colateral: es un objetivo central.

La dimensión política de las declaraciones:

Las palabras de Peskov no pueden analizarse únicamente como una denuncia técnica. También forman parte de una narrativa dirigida tanto al frente interno ruso como a la comunidad internacional.

En el plano doméstico, refuerzan la idea de que Rusia responde a provocaciones y no actúa unilateralmente. En el plano externo, buscan posicionar a Moscú como una parte que supuestamente respeta compromisos, mientras responsabiliza a Kiev de la escalada.

Ucrania, por su parte, ha sostenido repetidamente que sus acciones militares están dirigidas a objetivos estratégicos vinculados al esfuerzo bélico ruso.

Un conflicto sin garantías reales:

El problema de fondo es estructural: en ausencia de un alto al fuego general y de mecanismos de supervisión internacional robustos, cualquier moratoria resulta frágil. Las acusaciones cruzadas son casi inevitables en un escenario donde la línea entre infraestructura civil y militar se vuelve cada vez más difusa.

En la guerra contemporánea, la energía no solo ilumina ciudades: también define la resistencia de un Estado. Mientras no exista un acuerdo más amplio que incluya garantías verificables, las moratorias seguirán siendo declaraciones políticas más que compromisos sostenibles.

Y en ese contexto, la población civil continuará pagando el precio de una guerra donde la electricidad se ha convertido en un frente más del combate.

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