Calidad del gasto público

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RESUMEN
En tiempos de crisis global, como los que hoy golpean a la humanidad con fuerza, la administración eficiente de los recursos públicos deja de ser una opción y se convierte en una obligación moral y constitucional. Los gobiernos, enfrentados a múltiples desafíos y limitaciones fiscales, están llamados a optimizar cada peso recaudado, a fin de responder con dignidad y justicia a las necesidades de la población. En la República Dominicana, el discurso sobre la eficiencia del gasto público debe trascender las palabras y materializarse en decisiones concretas que garanticen el uso racional, eficaz y transparente de los fondos provenientes de los impuestos que todos aportamos.
La calidad del gasto no es solo una cuestión técnica: es una expresión de responsabilidad con el presente y de compromiso con las futuras generaciones. De ahí la importancia de adoptar criterios modernos como el presupuesto por resultados, las compras públicas sostenibles y el principio de valor por dinero, como pilares de una gestión pública orientada a servir al bien común. Así lo consagra el artículo 238 de la Constitución dominicana, al establecer que toda planificación, ejecución y evaluación del gasto debe regirse por los principios de subsidiariedad, eficiencia, transparencia, prioridad y economía.
Y es que el gasto público no puede ser una cifra fría en un documento; es la vía mediante la cual el Estado cumple su misión esencial de garantizar los derechos fundamentales, como lo establece el artículo 8 de nuestra Ley Sustantiva. Cada política pública, cada obra, cada servicio, encuentra su viabilidad y legitimidad en el Presupuesto General del Estado.
Por ello, mejorar la calidad del gasto público no es una tarea exclusiva del gobierno, sino un deber compartido por todos los ciudadanos. La Constitución nos llama, en su artículo 246, a fiscalizar y vigilar el uso de los recursos públicos, porque el dinero del Estado no es del Estado: es del pueblo. Como recordaba John F. Kennedy, con palabras que hoy resuenan con más fuerza que nunca: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”. Participar, exigir transparencia y promover la justicia fiscal es, sin duda, una de las formas más nobles de responder a ese llamado.
Fuente: Contra Flujo






